Prohibido Pasar

Los folletos y la realidad nunca son iguales: el queso de las pizzas a domicilio nunca se desborda como los relojes de Dalí y dudo que exista alguien que haya comido una Big Mac como la de los anuncios.

Pienso en ello al mismo tiempo que recuerdo la foto que me mostró una amiga a su regreso de un viaje por la India: para conseguir el encuadre típico de ella frente al Taj Mahal solamente había tenido que dar una jugosa propina a unos chicos quienes se encargaron, muy eficientemente, de ahuyentar a la masa de turistas que estropeaban la toma el tiempo suficiente para que ella obtuviera la imagen de recuerdo.

El turismo de masas es imparable, pareciera que la palabra turismo y masa siempre van juntas, o al menos, que siempre estarán tratando de alcanzarse. Hasta ahora, la única manera de parar a la masa es restringir, y restringir un destino lo despoja, prácticamente de manera inmediata, de la nomenclatura de destino turístico.

Justo eso sucede con algunos de los lugares que forman parte de la lista de deseos en la categoría de viajes, en eso pensé al encontrar en mi caja de folletos uno del Parque Nacional Isla Contoy, lugar al que nunca he ido a pesar de haber vivido 15 años en la Península de Yucatán y de haber escrito artículos sobre ecología.

La Isla Contoy, ubicada al norte de la Península de Yucatán, inaugura el segundo sistema arrecifal más grande del mundo: el Arrecife Mesoamericano. Nombrada área protegida en 1961, fue decretada Parque Nacional en 1998. Sus 8.75 kilómetros están deshabitados, las únicas almas que habitan en ella son las de los investigadores de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT).

El folleto en mi poder no parece de promoción turística, se trata más bien de una ficha informativa sobre la riqueza natural que se protege en este Parque: 230 hectáreas de playas, selvas y humedales, más 4 mil 900 hectáreas marinas que albergan cientos de especies terrestres y marinas. De la veintena de fotografías que se muestran en el tríptico, solo dos muestran a personas y sólo en una de ellas se evocan actividades de recreación.

Foto tomada de las redes sociales de Amigos de Isla Contoy AC

Lejos de invitarte a visitarla, siento que el ruego de la publicación es que no vayas, que te mantengas alejado lo suficiente para evitar que el lugar se deteriore. Leo el folleto como una promesa cargada con un compromiso: el día que estés listo para dedicar un día entero a conocer el lugar, disfrutarlo con respeto, después de trasladarte incómodamente por un par de horas mediante un sistema de transporte simple, sin lujos, y estés dispuesto a realizar únicamente actividades de observación controlada, Isla Contoy estará ahí para recibirte.

Pienso ahora en lo que cuentan las redes sociales sobre la “descontaminación” que en tiempos del Coronavirus se ha dado en destinos como Venecia por la ausencia de turistas.

Pienso en el tiempo en que la Playa Escondida de las Islas Marietas permaneció cerrada para realizar trabajos de conservación y como, ante el aviso previo, cientos de personas se abalanzaron al lugar para asegurar su selfie en caso de que no lo volvieran a abrir.

Pienso en las fotos reales de los principales destinos turísticos del mundo en temporada alta y en la definición del sociólogo francés Gustave Lebon para masa: “una agrupación humana con los rasgos de pérdida de control racional, mayor sugestionabilidad, contagio emocional, imitación, sentimiento de omnipotencia y anonimato para el individuo”.

Pienso en la diferencia entre un turista y un viajero y pienso, que mientras más se masifica un destino, más se pierde la esencia que atrajo a los primeros viajeros, imagino cómo esa esencia se diluye en la masa para quedar en mera colección de estampillas que vamos juntando para ser partícipes de ese gran espectáculo que es la actividad turística.

Pienso que, así como se creó un movimiento de “Slow Food”, debería existir un movimiento de “Slow Tourism” que nos permitiera descubrir con respeto los rasgos esenciales sobre los que se fundaron los destinos, si llegamos a eso, quizá, veamos desaparecer algunos de los letreros de “Prohibido pasar” o “Acceso Restringido”.

15 Junio 2020

  • Patricia Ramírez es una periodista mexicana radicada en la ciudad de Querétaro. Ha colaborado con diversos periódicos y revistas en Estado de México, Ciudad de México, Cancún, Playa del Carmen y Querétaro.

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