La responsabilidad de decidir

Dicen que hay una aplicación turística que te recomienda lugares para visitar, productos para comprar, platillos para comer y calles para caminar. Lo más atractivo de la app, me dijeron, es que además te da puntos por cada misión cumplida.

La persona que me lo contó tiene una tienda de maquillajes en uno de los destinos turísticos más populares de México. Cuando me lo contó (obviamente antes de la Pandemia) estaba muy contenta con el paquete que había adquirido para aparecer en ella. Según lo que me dijo, por un pequeño monto que se pagaba en línea, ella misma decidía qué productos deseaba promocionar, por cuento tiempo y a qué costo. Este simple ejercicio atraía a su tienda con cierta regularidad a turistas quienes prácticamente sin ver, preguntaban por el producto en cuestión y lo compraban, sin hacer más preguntas, y salían de la tienda listos para continuar con el programa de recompensas sugerido en sus dispositivos móviles.

Esa misma tarde me encontré en la calle a un par de chicas japonesas, sus miradas oscilaban entre la pantalla de sus celulares y una hermosa puerta colonial. Sus ojitos se iluminaron cuando comprobaron que la foto coincidía con la que veían en sus teléfonos móviles y prestas comenzaron a posar para lograr la imagen anhelada con ellas como protagonistas.

No pude evitar recordar lo que leí en algún lugar respecto a las primeras guías de viajes. Según ese artículo, las primeras publicaciones de viajes consistían en resúmenes de recomendaciones de viajeros reales, casi todos pioneros, quienes buscaban facilitar a otros la experiencia de viajar.

Así fue por mucho tiempo y fue así como lograron posicionarse las revistas y publicaciones más famosas del mundo. Sin embargo, en algún momento el camino se torció y las guías informativas terminaron en simples planfletos publicitarios que se han vuelto en los principales consejeros del turista en los aeropuertos, hoteles, restaurante con un enfoque al turismo.

Pienso en que hay una gran cantidad de felicidad desperdiciada cuando se pone en las manos de otros la experiencia de conocer un lugar, pero también se pierden experiencias posibles, sorpresas no anunciadas y lugares desconocidos que quizá, seguramente, nos darían mucha más satisfacción por ser más parecidos a uno.

Pienso también en la incertidumbre de lo desconocido, en el temor a lo nuevo y en el acompañamiento ficticio que nos aporta el contar con una guía, aun cuando se trate de un bonche de anuncios publicitarios.

Pienso en que tomar decisiones es una de las responsabilidades mayores que tiene el ser humano, y en el peso que esa responsabilidad significa para uno, y pienso también en que no todos quieren viajar con un peso de ese tamaño encima.

Las guías de turismo serán siempre un apoyo para el viajero, mucho más para el turista que tiene poco tiempo para recorrer un lugar, pero, pienso sólo por un momento, que  valdría la pena que de vez en vez, cada uno de nosotros dedicara un tiempo para reescribir la hoja de ruta, para dar la vuelta en una esquina que no venga en el mapa, para tomar el riesgo de ir a algún lugar desconocido… lo pienso sólo por un momento antes de retomar la guía de viaje que estaba revisando al empezar escribir porque al final yo también lo siento: es mucho más fácil dejar la responsabilidad de decidir a otros.

30 Junio 2020

  • Patricia Ramírez es una periodista mexicana radicada en la ciudad de Querétaro. Ha colaborado con diversos periódicos y revistas en Estado de México, Ciudad de México, Cancún, Playa del Carmen y Querétaro.

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